Apoidea

Breve ópera hexagonal

Una princesa… un reino… un destino.

sábado, abril 23

Acerca del libreto: la Tragedia de una Reina.

Con Apoidea tuve la oportunidad de expresar una idea que siempre me ha rondado en la cabeza: ¿hasta qué punto ocupar el trono de alguno de los reinos que aún persisten en las sociedades occidentales es una suerte y no una condena?

Está claro que los miembros de las familias reales tienen la vida asegurada, gozan de muchos privilegios, inalcanzables para sus súbditos, nunca tendrán ninguna carencia, y todo ello a cambio de... nada. Sólo por el mero hecho de haber nacido. Pero a esto cabe también una segunda lectura. Un príncipe o una princesa, sólo puede aspirar a ser un rey o una reina. Desde que nacen sus destinos ya están preconfigurados, mientras que el resto de los mortales, sin embargo, nacemos con todo por hacer y somos responsables de nuestro destino, el resultado de nuestras decisiones. Luego, podría razonarse que el trono sí tiene un precio y éste no es nada barato, pues se trata ni más ni menos que de la libertad.

Para ilustrar esta idea me pareció adecuado recurrir a la naturaleza, concretamente a los apoideos, familia de insectos a la que pertenecen las abejas. Y es que la vida de una abeja reina tiene todos los ingredientes para una tragedia. A diferencia del resto de sus hermanas obreras, las larvas de las candidatas a reina son alimentadas con jalea real. La primera en nacer debe enfrentarse a la dura misión de asesinar al resto de candidatas al trono, a sus propias hermanas. No tiene elección, es matar o morir, y esa primera acción obligada la convierte en reina. Luego, algún día, llegará el turno de reproducirse para garantizar la continuidad de la colonia. Será la primera y posiblemente la única vez que la reina salga de la colmena, y en un vuelo nupcial se apareará con los zánganos a quienes, una vez acabada la cópula, también debe matar. Desde ese momento y hasta su muerte, la abeja reina no hará otra cosa más que poner huevos, una cantidad enorme, durante todos y cada uno de los días de su larga vida.

Es cierto que a la reina nada le va a faltar, que ni siquiera tendrá que hacer ningún esfuerzo para procurarse el sustento puesto que sus hermanas obreras se encargarán hasta de alimentarla, pero su existencia estará limitada a esa única misión reproductiva que debe cumplir enclaustrada. Las obreras, sin embargo, gozan de una vida sensiblemente más corta, pero a lo largo de ella desempeñarán todas las labores de la colmena, desde cuidar y alimentar a las larvas y limpiar y mantener la colmena, hasta salir al campo a recolectar el polen de las flores para elaborar la miel. Tampoco es que tengan mucha elección, ¿pero qué vida es preferible? ¿La de una obrera, que se consume rápidamente pero habiendo conocido el mundo más allá de los límites de su colmena y de su condición inicial de nodriza o limpiadora, o la de la reina, que se prolonga sin otra cosa que hacer más que parir y parir y seguir pariendo hasta su muerte?

A lo mejor el libreto de esta ópera sólo sea un tonto consuelo de quien sabe que nunca podrá llegar a ser rey y tendrá que seguir luchando día a día para construir su realidad y forjar su porvenir. Pero creo que, si tuviera la opción, me decantaría por seguir siendo el propio artífice de mi destino. Estoy contento de que por mis venas no corra sangre azul. Y si renazco como abeja intentaré ser una obrera.

Germán A. Panarisi

1 comentarios:

Germán A. Panarisi dijo...

Es justo decir y aclarar que lo que posiblemente sea lo más importante del libreto, al menos en una ópera, es decir, los diálogos, nunca hubieran estado acabados sin la inestimable ayuda de una persona que, según tengo entendido, prefiere mantenerse en el anonimato, y a la que le estamos profundamente agradecidos.
A ella no le importó dedicar tiempo de sus vacaciones en Madrid para corregir y “encajar” las sílabas, acentos, compases, rimas y no sé qué tantas otras cosas que Jomi “necesitaba” que tuvieran los versos “para que cuadren con la música”... tarea para mí harto complicada porque no tengo ni oído ni conocimientos musicales... así que... ¡gracias MC!